jueves, 9 de junio de 2011

Pentecostés - La venida del Espíritu

La Preparación

Busco un lugar que me ayude al encuentro con Dios, donde este cómodo y tranquilo. Busco una postura corporal para orar, hago un gesto de reverencia. Respiro lenta y profundamente para tranquilizarme, para relajarme, para que mi cuerpo también entre en oración, y preparo mi corazón para este encuentro…

Presencia de Dios

Busco la paz, me presento ante Él, siento que Dios me mira, me escucha, me conoce… Tomo el tiempo necesario para esto, no se trata de hacer un esfuerzo por acercarme a Dios sino de dejarlo entrar y estar frente a El con toda confianza. Su presencia es puramente amorosa, no viene a reprocharme ni a condenarme… viene a estar conmigo.

Leo el texto a contemplar: Juan 20:19-23

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. En esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: - Paz a vosotros.
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
– Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: - Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

 
Me imagino el lugar…

Contemplamos a Jesús en el lugar donde estaban reunidos los discípulos, escuchamos sus palabras: “Paz a vosotros”....


Pido al Señor… lo que quiero

Pedir gracia para alegrarme y gozarme intensamente de tanta gloria y gozo de Cristo nuestro Señor.

1° Momento: veo a los personajes de la escena

Reflexiono para sacar provecho

2° Momento: Escucho lo que hablan las personas.

Reflexiono para sacar provecho

3°Momento: Miro lo que hacen…

Reflexiono para sacar provecho

El cuarto evangelio presenta dos escenas contrastantes. En primer lugar, los discípulos encerrados en una casa, llenos de miedo y al anochecer. En segundo lugar, la presencia de Jesús que les comunica la paz, les muestra sus heridas como signo de su presencia real, se llenan de alegría y Jesús les comunica el Espíritu que los cualifica para la misión. El miedo, la oscuridad y el encerramiento de «la casa interior» se transforman ahora con la presencia de Jesús en paz, alegría y envío misionero. Son signos tangibles de la acción misteriosa y transformante del Espíritu en el interior del creyente y de la comunidad. Resurrección, ascensión, irrupción del Espíritu y misión eclesial aparecen aquí íntimamente articuladas. No son momentos aislados sino simultáneos, progresivos y dinamizadores en la comunidad creyente. Jesús cumple sus promesas.

Les ha prometido a sus discípulos que pronto regresará, que nos les dejará solos. Les ha dicho que el Espíritu Santo de Dios les asistirá para que entiendan todo lo que él les ha anunciado. Así lo hace. Ahora les comunica el Espíritu que todo lo crea y lo hace nuevo. Jesús sopla sobre ellos como Dios sopló para crear al ser humano. Ellos son las personas nuevas de la creación restaurada por la entrega amorosa de Jesús. La violencia, la injusticia, la miseria y la corrupción en todos los ámbitos de la sociedad nos llenan de miedo, desaliento y desesperanza. No vemos salidas y preferimos encerrarnos en nosotros mismos, en nuestros asuntos individuales y olvidarnos del gran asunto de Jesús.

Entonces es cuando él irrumpe en nuestro interior, traspasa las puertas del corazón e ilumina el entendimiento para que comprendamos que no nos ha abandonado. El sigue presente en la vida del creyente y en el seno de la comunidad. Sigue actuando a través de muchas personas y organizaciones que se comprometen a cabalidad para seguir luchando contra todas las formas de pecado que deshumanizan y alienan al ser humano. El Espíritu de Dios sigue actuando en la historia aunque aparentemente no lo percibamos. No es necesario hacer tanta bulla para decir que el Espíritu está actuando. Muchas veces no lo sentimos porque actúa en forma muy sencilla a través de gestos que pueden pasar desapercibidos.

¿Qué signos de la presencia dinamizadora del Espíritu de Dios podemos percibir en nuestra vida personal, familiar y comunitaria? ¿Conocemos personas que actúan bajo la acción del Espíritu? ¿Por qué? ¿Qué podemos hacer para descubrir y potenciar los dones y ministerios que el Espíritu sigue suscitando en personas y comunidades?

Para la revisión de vida

Hacer un tiempo de oración más profunda, tratando de escuchar las mociones que el Espíritu suscita en mí y que quizá no tengo condiciones de escuchar en la prisa diaria.

Educar la mirada: lograr "ver" al Espíritu actuando en tantas cosas como él mueve y dirige...

No dejarnos deslumbrar por todos los que se remiten fácilmente al "espíritu" y en su nombre se apartan del compromiso del amor, de la atención a los pobres...: hacer "discernimiento de espíritus"…


Hablo Con Dios

La contemplación es también momento de encuentro, puedo cerrar mi oración hablando con Dios Padre o dialogando con Jesús acerca del Reino... así como también acerca de lo que necesitamos y de lo que podemos ofrecerle... pode-mos hablarle de nuestros temores, o de nuestra alegría... podemos pedirle su espíritu para poder vivir la vida que nos regala Termino rezando un Padre Nuestro o alguna oración que me de devoción.



EXÁMEN DE LA ORACIÓN:

Preguntas que pueden ayudar:

¿Cómo comencé a rezar?

¿Hice silencio interior para escuchar lo que El tenía para decirme?

¿Qué palabras definen los sentimientos que tuve durante mi oración? (paz, alegría, confianza, sensación de perder el tiempo, ansiedad…)

¿Cómo termine?

¿Algo ha cobrado fuerza dentro de mí?

miércoles, 1 de junio de 2011

Domingo VII de Pascua - Hagan mis discípulos

Escuela de Jesús
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).
ECLESALIA, 01/06/11
 
La situación que se vive hoy en nuestras comunidades cristianas no es nada fácil. En nuestro corazón de seguidores de Jesús surgen no pocas preguntas: ¿dónde reafirmar nuestra fe en estos tiempos de crisis religiosa? ¿qué es lo importante en estos momentos? ¿qué hemos de hacer en las comunidades de Jesús? ¿hacia dónde hemos de orientar nuestros esfuerzos?

Mateo concluye su relato evangélico con una escena de importancia excepcional. Jesús convoca por última vez a sus discípulos para confiarles su misión. Son las últimas palabras que escucharán de Jesús: las que han de orientar su tarea y sostener su fe a lo largo de los siglos.

Siguiendo las indicaciones de las mujeres, los discípulos se reúnen en Galilea. Allí había comenzado su amistad con Jesús. Allí se habían comprometido a seguirlo colaborando en su proyecto del reino de Dios. Ahora vienen sin saber con qué se pueden encontrar. ¿Volverán a verse con Jesús después de su ejecución?

El encuentro con el Resucitado no es fácil. Al verlo llegar, los discípulos «se postran» ante él; reconocen en Jesús algo nuevo; quieren creer, pero «algunos vacilan». El grupo se mueve entre la confianza y la tristeza. Lo adoran pero no están libres de dudas e inseguridad. Los cristianos de hoy los entendemos. A nosotros nos sucede lo mismo.

Lo admirable es que Jesús no les reprocha nada. Los conoce desde que los llamó a seguirlo. Su fe sigue siendo pequeña, pero a pesar de sus dudas y vacilaciones, confía en ellos. Desde esa fe pequeña y frágil anunciarán su mensaje en el mundo entero. Así sabrán acoger y comprender a quienes a lo largo de los siglos vivirán una fe vacilante. Jesús los sostendrá a todos.

La tarea fundamental que les confía es clara: «hacer discípulos» suyos en todos los pueblos. No les manda propiamente a exponer doctrina, sino a trabajar para que el mundo haya hombres y mujeres que vivan como discípulos y discípulas de Jesús. Seguidores que aprendan a vivir como él. Que lo acojan como Maestro y no dejen nunca de aprender a ser libres, justos, solidarios, constructores de un mundo más humano.

Mateo entiende la comunidad cristiana como una "escuela de Jesús". Seremos muchos o pocos. Entre nosotros habrá creyentes convencidos y creyentes vacilantes. Cada vez será más difícil atender a todo como quisiéramos. Lo importante será que entre nosotros se pueda aprender a vivir con el estilo de Jesús. El es nuestro único Maestro. Los demás somos todos hermanos que nos ayudamos y animamos mutuamente a ser sus discípulos.
 

martes, 24 de mayo de 2011

VI Domingo de Pascua - La promesa del Espíritu Santo


La Preparación

Busco un lugar que me ayude al encuentro con Dios, donde este cómodo y tranquilo. Busco una postura corporal para orar, hago un gesto de reverencia. Respiro lenta y profundamente para tranquilizarme, para relajarme, para que mi cuerpo también entre en oración, y preparo mi corazón para este encuentro… 
 

Presencia de Dios

Busco la paz, me presento ante Él, siento que Dios me mira, me escucha, me conoce… Tomo el tiempo necesario para esto, no se trata de hacer un esfuerzo por acercarme a Dios sino de dejarlo entrar y estar frente a El con toda confianza. Su presencia es puramente amorosa, no viene a reprocharme ni a condenarme… viene a estar conmigo.

Leo el texto a contemplar

Juan 14,15-21: La promesa del Espíritu Santo
“Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes. No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán. Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes. El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él".


Me imagino el lugar…
 
Contemplamos a Jesús en el lugar donde estaba reunido con sus discípulos, anunciándoles que su Padre enviará el Espíritu Santo.

Pido al Señor… lo que quiero 

Pedir gracia para alegrarme y gozarme intensamente de tanta gloria y gozo de Cristo nuestro Señor.

1° Momento: veo a los personajes de la escena

Reflexiono para sacar provecho

2° Momento: Escucho lo que hablan las personas.

Reflexiono para sacar provecho

3°Momento: Miro lo que hacen…


Reflexiono para sacar provecho

A quince días de que termine la cincuentena pascual, la Iglesia comienza a prepararnos para la gran celebración que la concluirá: la de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles. La manifestación pública de la Iglesia. Podríamos decir que su inauguración. En la lectura del evangelio de San Juan, tomada de los discursos de despedida de Jesús que encontramos en los capítulos 13 a 17 de su evangelio, el Señor promete a sus discípulos el envío de un "Paráclito", un defensor o consolador, que no es otro que el Espíritu mismo de Dios, su fuerza y su energía, Espíritu de verdad porque procede de Dios que es la verdad en plenitud, no un concepto, ni una fórmula, sino el mismo Ser Divino que ha dado la existencia a todo cuanto existe y que conduce la historia humana a su plenitud.
Los grandes personajes de la historia permanecen en el recuerdo agradecido de quienes les sobreviven, tal vez en las consecuencias benéficas de sus obras a favor de la humanidad. Cristo permanece en su Iglesia de una manera personal y efectiva: por medio del Espíritu divino que envía sobre los apóstoles y que no deja de alentar a los cristianos a lo largo de los siglos. Por eso puede decirles que no los dejará solos, que volverá con ellos, que por el Espíritu establecerá una comunión de amor entre el Padre, los fieles y El mismo.
El «mundo» (en el lenguaje de Juan) no puede recibir el Espíritu divino. El mundo de la injusticia, de la opresión contra los pobres, de la idolatría del dinero y del poder, de las vanidades de las que tanto nos enorgullecemos a veces los humanos. En ese mundo no puede tener parte Dios, porque Dios es amor, solidaridad, justicia, paz y fraternidad. El Espíritu alienta en quienes se comprometen con estos valores,esos son los discípulos de Jesús.
Esta presencia del Señor resucitado en su comunidad ha de manifestarse en un compromiso efectivo, en una alianza firme, en el cumplimiento de sus mandatos por parte de los discípulos, única forma de hacer efectivo y real el amor que se dice profesar al Señor. No es un regreso al legalismo judío, ni mucho menos. En el evangelio de San Juan ya sabemos que los mandamientos de Jesús se reducen a uno solo, el del amor: amor a Dios, amor entre los hermanos. Amor que se ha de mostrar creativo, operativo, salvífico.
Para la revisión de vida
Con frecuencia entendemos el amor que nuestra fe nos pide como una cuestión de sentimientos; pero, de ser así, ¿cómo entender el amor al enemigo, que nos pide Jesús? El amor cristiano no es tanto un sentimiento del corazón como una actitud de vida ante el prójimo, sea amigo o enemigo. ¿Cómo muestro yo mi amor a Dios y al prójimo, con sentimentalismos o, como Él nos dice, cumpliendo su voluntad?; ¿vivo mi fe como un «asunto del corazón» o como un asunto de mi vida entera?; ¿recuerdo y vivo aquello de «obras son amores y no buenas razones»? 

 Hablo Con Dios
La contemplación es también momento de encuentro, puedo cerrar mi oración hablando con Dios Padre o dialogando con Jesús acerca del Reino... así como también acerca de lo que necesitamos y de lo que podemos ofrecerle... podemos hablarle de nuestros temores, o de nuestra alegría... podemos pedirle su espíritu para poder vivir la vida que nos regala Termino rezando un Padre Nuestro o alguna oración que me de devoción.


EXÁMEN DE LA ORACIÓN:

Preguntas que pueden ayudar:
¿Cómo comencé a rezar?
¿Hice silencio interior para escuchar lo que El tenía para decirme?
¿Qué palabras definen los sentimientos que tuve durante mi oración? (paz, alegría, confianza, sensación de perder el tiempo, ansiedad…)
¿Cómo termine?
¿Algo ha cobrado fuerza dentro de mí?

miércoles, 18 de mayo de 2011

La Pasion de Cristo - Yo Soy eL Camino la Verdad y la Vida

Domingo V de Pascua - El camino, la verdad y la vida


Oración preparatoria
Derrama, Señor, tu gracia para que todas nuestras intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de tu Divina Majestad. Gloria…


Lectura del Evangelio: Jn. 14, 1-12: “En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones”.

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «No se turbe su corazón. Crean en Dios: crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, se lo habría dicho; porque voy a prepararles un lugar. Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré y los tomaré conmigo, para que donde esté yo estén también ustedes. Y adonde yo voy ustedes ya saben el camino.» Le dice Tomás: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocen a mí, conocerán también a mi Padre; desde ahora lo conocen y lo han visto.» Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Le dice Jesús: «¿Tanto tiempo hace que estoy con ustedes y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que les digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, créanlo por las obras. En verdad, en verdad les digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre.


Para reflexionar

El texto forma parte del “discurso de despedida”. Jesús nos invita, con palabras de consuelo y esperanza, a no dejar sitio en nuestra vida a la inquietud ni a la tristeza. Nos anima a buscar la calma y la fuerza en la fe. Se olvida de sus problemas para reconfortar a sus amigos abrumados por la cercana despedida y por la decepción profunda que les produce lo que creen el fracaso del proyecto de Jesús, al que han dedicado su vida. Se va Jesús, pero antes enseña dónde va y por dónde va. El camino ya ha comenzado. Nos conduce a Casa, a la seguridad, la paz, la felicidad del encuentro definitivo con Jesús y con el Padre. La meta es estar donde está él.

Tomás confiesa su ignorancia de la meta y del camino a seguir. Jesús le responde a él y a todos nosotros: si crees que yo soy la verdad y la vida, puedes estar seguro de encontrar en mí el camino que conduce al Padre, hacia el que voy y en el que estoy. Él está ya donde nosotros queremos llegar. Nos urge a emprender la marcha y nos acompaña en el camino.

Alguien ha hecho el camino delante de nosotros. Conocemos las huellas a seguir. No vamos sin rumbo, sin horizonte, no estamos perdidos. Conocemos el sentido y la meta de nuestro caminar. En Jesús sabemos de dónde venimos y adónde vamos. Jesús nunca nos engañará. Siempre encontramos en Él la palabra auténtica, sincera. Él es la fuente de la vida. Ha venido para que tengamos y contagiemos vida en abundancia.

El Padre se ha manifestado en Jesús, de manera total y definitiva. La misericordia, la generosidad, la compasión, el amor y todos los sentimientos de Jesús, son los sentimientos del Padre. La comunión entre el Padre y el Hijo tiende a prolongarse en todos los creyentes, en toda la humanidad. La fe es camino, un camino con horizonte que conduce al Padre. La fe es no estancarse, es avanzar, renovarse, crecer, construir, compartir, vivir abiertos al futuro. “La fe es un movimiento que se adueña de la vida del ser humano y la convierte en una marcha permanente” (Blank).

Ser cristiano es creer en Jesús. Por encima de todo catecismo, fórmula, credo, ley, moral, rito...., lo realmente decisivo es el encuentro con Jesús. Ir descubriendo, por experiencia personal, la fuerza, la alegría, la luz, la libertad... que recibo de Él. Sentir desde la propia experiencia que Jesús es verdaderamente para mí el camino, la verdad y la vida. Sin embargo, ante mis dudas, mis deseos, mis preguntas.... ¿puede responderme Jesús lo mismo que a Felipe?: ¿Llevo tanto tiempo contigo y todavía no me conoces....?

Lo nuestro es creer en Jesús, fiarnos de Él. En Jesús conocemos al Padre (Abbá). En el modo de actuar de Jesús veo cómo actúa el Padre. ¿Por nuestra forma de actuar, podríamos atrevernos, personal y comunitariamente, a afirmar: "el que me ve a mí, ve a Jesús"?

Jesús vuelve a invitarnos a creer y nos revela nuestra nueva situación: vuelto al Padre proseguirá su obra a través de los creyentes. También nosotros debemos ser camino que facilite el tránsito por él hacia la casa del Padre. Camino especialmente abierto a quienes en este mundo tienen más dificultades en su caminar, los arrojados en las cunetas de la vida. Somos llamados a ser veraces y dar testimonio de la verdad. Esa verdad que hace personas libres y felices. Estamos invitados a dar la vida, a mostrar al Dios de la vida. A hacer que todo lo que en el mundo es camino, verdad y vida, se vaya transformando en quien es el Camino, la Verdad y la Vida.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Buen Pastor

La Preparación

Busco un lugar que me ayude al encuentro con Dios, donde este cómodo y tranquilo. Busco una postura corporal para orar, hago un gesto de reverencia. Respiro lenta y profundamente para tranquilizarme, para relajarme, para que mi cuerpo también entre en oración, y preparo mi corazón para este encuentro…

Presencia de Dios

Busco la paz, me presento ante Él, siento que Dios me mira, me escucha, me conoce… Tomo el tiempo necesario para esto, no se trata de hacer un esfuerzo por acercarme a Dios sino de dejarlo entrar y estar frente a El con toda confianza. Su presencia es puramente amorosa, no viene a reprocharme ni a condenarme… viene a estar conmigo.

Leo el texto a contemplar Jn 10, 1-10: Jesús el Buen Pastor

«Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. Él llama a las suyas por su nombre y las hace salir. Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz». Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir. Entonces Jesús prosiguió:

«Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado. Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia.


Me imagino el lugar…

Seguramente la escena transcurre en un lugar amplio, espacioso y gracioso. La multitud que escucha a Jesús, y Jesús que se hace eco de su pueblo, su pequeño rebaño.

Pido al Señor… lo que quiero

Pedir gracia de conocer internamente a Jesús el Buen Pastor.

1° Momento: Veo a los personajes de la escena

Nos imaginamos a la multitud, varias veces el evangelio nos describe a esa multitud, hambrienta, deseosa de escuchar la palabra que les permite vivir y les da vida. Una multitud que son como ovejas sin pastor... Dios mismo llama a su pueblo “pequeño rebaño”

Miramos a Jesús, nos metemos en su interioridad, él siente compasión... es capaz de padecer con ese pueblo, porque es capaz de compartir con él, sus angustias y sus esperanzas, sus alegrías y sus tristezas.

Reflexiono para sacar provecho


2° Momento: Escucho lo que hablan las personas.

Escuchamos las palabras de Jesús... el que no entra por la puerta... advirtiendo a su pueblo acerca de cómo reconocer al pastor del ladrón.

Jesús le habla a su pueblo de cosas evidentes... es evidente que quién ingresa por otra parte que no sea la puerta tiene perversas intensiones. Y las malas intensiones del ladrón son robar, matar y destruir...

… las ovejas escuchan su voz... le reconocen la voz por aquello que dice. Las palabras del Buen Pastor dan vida, y no cualquiera, sino que vida en abundancia.

Reflexiono para sacar provecho


3°Momento: Miro lo que hacen…

Miramos lo que hacen los personajes. La multitud escucha, no sólo oye.

Oye quien tiene oídos, escucha quien presta atención. ¿Por qué la multitud presta atención? Porqué reconoce que en esas palabras escuchadas, esta la fuente de la vida y dan vida.


Miramos lo que hace Jesús... el habla con su pueblo, dialoga con él. Le habla del Reino de Dios, les hace recordar que el rebaño de Dios tiene alguien que lo cuida.

Jesús no sólo dice palabras sino que siendo la palabra se hace carne en las expectativas de su pueblo.

Reflexiono para sacar provecho


Hablo Con Dios

La contemplación es también momento de encuentro, puedo cerrar mi oración hablando con Dios Padre o dialogando con Jesús acerca del Reino... así como también acerca de lo que necesitamos y de lo que podemos ofrecerle... podemos hablarle de nuestros temores, o de nuestra alegría... podemos pedirle su espíritu para poder vivir la vida que nos regala. Termino rezando un Padre Nuestro o alguna oración que me de devoción.


EXAMEN DE LA ORACIÓN:

Preguntas que pueden ayudar:

¿Cómo comencé a rezar?

¿Hice silencio interior para escuchar lo que El tenía para decirme?

¿Qué palabras definen los sentimientos que tuve durante mi oración? (paz, alegría, confianza, sensación de perder el tiempo, ansiedad…)

¿Cómo termine?

¿Algo ha cobrado fuerza dentro de mí?



Para la reunión de grupo:

1 – Me presento.

2 – Comparto en el grupo qué experiencia tenemos de Jesús como Buen Pastor.

3.- Comparto en el grupo, alguna experiencia donde me he encontrado con personas que se han comportado como “buenos pastores”


martes, 3 de mayo de 2011

JUAN PABLO II

Te acercamos el link para ver el video sobre el Beato Juan Pablo II: