martes, 30 de agosto de 2011

La corrección fraterna (P. Salvador SJ)


Ve y corrígele; tú y él a solas:
    "Si tu hermano peca (contra ti) repréndelo entre ti y él solo; si te escucha, habrás ganado a tu hermano.
    Si no te escucha toma todavía contigo un hombre o dos, para que por boca de dos testigos o tres conste toda palabra.
    Si a ellos no escucha, dilo a la Iglesia. Y si no escucha tampoco a la Iglesia, sea para ti como un pagano y como un publicano.
    En verdad, os digo, todo lo que atareis sobre la tierra, será atado en el cielo, y todo lo que desatareis sobre la tierra, será desatado en el cielo".
    "De nuevo, en verdad, os digo, si dos de entre vosotros sobre la tierra se concertaren acerca de toda cosa que pidan, les vendrá de mi Padre celestial. Porque allí donde dos o tres están reunidos por causa mía, allí estoy Yo en medio de ellos".
La liturgia de este domingo nos invita a reflexionar sobre nuestra corresponsabilidad comunitaria. La fe es una respuesta personal, pero se vive en el seno de una comunidad. Por eso todos somos responsables de la vida de cada hermano.
Quien ama auténticamente no quiere hacerle daño a nadie. Por el contrario, siempre buscará la forma de ayudarle a crecer como persona y como creyente. La conversión, la metanoia, es cambio rotundo de mente y corazón. Quién se convierte asume el amor como única “norma” de vida. El amor se traduce en actitudes y compromisos muy concretos: servicio, respeto, perdón, reconciliación, tolerancia, comprensión, verdad, paz, justicia y solidaridad fraterna.
El evangelio de Mateo nos presenta el pasaje que se ha denominado comúnmente la corrección fraterna. El Texto revela los conflictos internos que vivía la comunidad mateana. Nos encontramos, entonces, ante una página de carácter catequético que pretende enfrentar y resolver el problema de los conflictos comunitarios. El pecado no es solamente de orden individual o moral. Aquí se trata de faltas graves en contra de la comunidad. El evangelista pretende señalar dos cosas importantes: no se trata de caer en un laxismo total que conduzca al caos comunitario. Pero tampoco se trata de un rigorismo tal que nadie pueda fallar o equivocarse. El evangelista coloca el término medio. Se trata de resolver los asuntos complicados en las relaciones interpersonales siguiendo la pedagogía de Jesús. No es un proceso jurídico lo que aquí se señala. El evangelista quiere dejar en claro que se trata ante todo de salvar al trasgresor, de no condenarlo ni expulsarlo de entrada. Es un proceso pedagógico que intenta por todos medios salvar a la persona. Ahora bien, si la persona se resiste, no acepta la invitación, no da signos de arrepentimiento... entonces sí la comunidad se ve obligada a expulsarse de su seno. Al no aceptar la oferta de perdón la persona misma se excluye de la comunión.
Nuestro compromiso como creyentes es luchar por la verdad. Nuestras familias y comunidades cristianas deben ser, ante todo, lugares de reconciliación y de verdad. Exigir respeto por las personas que se equivocan pero que quieren rectificar su error es imperativo evangélico. Tampoco se trata de caer en actitudes laxistas o que respalden la impunidad. Pero ante todo, el compromiso con la justicia, la verdad y la reconciliación es una actitud profética.
¿Cómo vivimos los valores de la verdad, la justicia, la reparación y la reconciliación al interior de nuestras comunidades? ¿Qué actitud asumimos frente a los medios de comunicación que manipulan y tergiversan la verdad? ¿Nos sentimos corresponsables de la suerte de nuestros hermanos?
El evangelio de hoy habla también de la comunidad como sujeto de perdón: «Todo lo que aten ustedes en la tierra será atado en el cielo...». Puede ser una oportunidad interesante para hablar tanto de la grave crisis que atraviesa este sacramento en la práctica más extendida en la Iglesia, como de la posibilidad y legitimidad de la reconciliación comunitaria..

Para la revisión de vida

Para muchos de nosotros, el perdón, por nuestra forma de ser, nuestro carácter, la educación recibida o la falta de educación recibida para perdonar, nos resulta difícil, incluso muy difícil. ¿Cómo está la actitud de perdón en mi vida? ¿Hay personas a las que no he perdonado todavía en mi corazón? ¿Guardo una relación correcta entre el «perdonar» y el «no olvidar»?


ALGO DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD
Queridos jóvenes, también hoy Cristo se dirige a vosotros con la misma pregunta que hizo a los apóstoles: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Respondedle con generosidad y valentía, como corresponde a un corazón joven como el vuestro. Decidle: Jesús, yo sé que Tú eres el Hijo de Dios que has dado tu vida por mí. Quiero seguirte con fidelidad y dejarme guiar por tu palabra. Tú me conoces y me amas. Yo me fío de ti y pongo mi vida entera en tus manos. Quiero que seas la fuerza que me sostenga, la alegría que nunca me abandone.
En su respuesta a la confesión de Pedro, Jesús habla de la Iglesia: «Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». ¿Qué significa esto? Jesús construye la Iglesia sobre la roca de la fe de Pedro, que confiesa la divinidad de Cristo. Sí, la Iglesia no es una simple institución humana, como otra cualquiera, sino que está estrechamente unida a Dios. El mismo Cristo se refiere a ella como «su» Iglesia. No se puede separar a Cristo de la Iglesia, como no se puede separar la cabeza del cuerpo (cf. 1Co 12,12). La Iglesia no vive de sí misma, sino del Señor. Él está presente en medio de ella, y le da vida, alimento y fortaleza.
Queridos jóvenes, permitidme que, como Sucesor de Pedro, os invite a fortalecer esta fe que se nos ha transmitido desde los Apóstoles, a poner a Cristo, el Hijo de Dios, en el centro de vuestra vida. Pero permitidme también que os recuerde que seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No se puede seguir a Jesús en solitario. Quien cede a la tentación de ir «por su cuenta» o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él.
Tener fe es apoyarse en la fe de tus hermanos, y que tu fe sirva igualmente de apoyo para la de otros. Os pido, queridos amigos, que améis a la Iglesia, que os ha engendrado en la fe, que os ha ayudado a conocer mejor a Cristo, que os ha hecho descubrir la belleza de su amor. Para el crecimiento de vuestra amistad con Cristo es fundamental reconocer la importancia de vuestra gozosa inserción en las parroquias, comunidades y movimientos, así como la participación en la Eucaristía de cada domingo, la recepción frecuente del sacramento del perdón, y el cultivo de la oración y meditación de la Palabra de Dios.
De esta amistad con Jesús nacerá también el impulso que lleva a dar testimonio de la fe en los más diversos ambientes, incluso allí donde hay rechazo o indiferencia. No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. Por tanto, no os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe. El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita ciertamente a Dios. Pienso que vuestra presencia aquí, jóvenes venidos de los cinco continentes, es una maravillosa prueba de la fecundidad del mandato de Cristo a la Iglesia: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16,15). También a vosotros os incumbe la extraordinaria tarea de ser discípulos y misioneros de Cristo en otras tierras y países donde hay multitud de jóvenes que aspiran a cosas más grandes y, vislumbrando en sus corazones la posibilidad de valores más auténticos, no se dejan seducir por las falsas promesas de un estilo de vida sin Dios.
Queridos jóvenes, rezo por vosotros con todo el afecto de mi corazón. Os encomiendo a la Virgen María, para que ella os acompañe siempre con su intercesión maternal y os enseñe la fidelidad a la Palabra de Dios. Os pido también que recéis por el Papa, para que, como Sucesor de Pedro, pueda seguir confirmando a sus hermanos en la fe. Que todos en la Iglesia, pastores y fieles, nos acerquemos cada día más al Señor, para que crezcamos en santidad de vida y demos así un testimonio eficaz de que Jesucristo es verdaderamente el Hijo de Dios, el Salvador de todos los hombres y la fuente viva de su esperanza. Amén.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Asunción de María (P. Oscar SJ)


Lectura del Evangelio:

"Jesús estaba hablando y una mujer levantó la voz en medio de la multitud y le dijo: '¡Feliz el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron!'
Jesús respondió: 'Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican'". Evangelio según San Lucas, 11,27-28

+ Nuestra devoción a María.
Pueden cambiar las formas de devoción a María (rosario, peregrinaciones…), pero lo que no puede variar es nuestra devoción, nuestro cariño y nuestro amor por ella.

+ La Asunción de María y LA FE.
Esta fiesta nos confronta con la primera de las actitudes que caracterizan a nuestra Madre: la fe. Creemos que ella -en cuerpo y alma- ya goza en el cielo de la felicidad sin límites con Dios y toda la llamada "Iglesia triunfante".
Pero el fundamento de esta creencia, es nuestra fe en Cristo Resucitado. "Si él no hubiera resucitado, nuestra fe sería en vano, y seríamos los más desdichados de los mortales… pero yo sé bien en Quién me he confiado", decía San Pablo.
- ¿Estoy convencido/a de que Jesús ha resucitado, y que gracias a Él, ha resucitado María?
- ¿Me doy cuenta de que este encuentro con María en su Asunción, refuerza mi fe en el Resucitado?

- La Asunción de María y LA ESPERANZA.
Ella mantuvo firme y serena la esperanza en Dios, que la involucró en un proyecto inesperado, y al que fue comprendiendo de a poco, pero siempre sabiendo que estaba en manos del Señor. Como Abraham, María "esperó contra toda esperanza".
Por eso, Isabel pudo exclamar: "Feliz tú que has creído, porque lo que se te ha anunciado se cumplirá".
Claro que ella colabora activamente con Dios, en la espera cierta de que él siempre cumple sus promesas.
- ¿Cómo está mi esperanza en las promesas del Señor: estoy convencido/a de que viviremos para siempre en Dios, por encima del mal y de la muerte?
- ¿Me dejo seducir por otras esperanzas que resecan mi corazón y mi conciencia? Cuando falta una Esperanza (con mayúscula) también desaparecen las esperanzas (con minúscula). Y la vida se convierte en un desierto sin horizonte -a menudo, amargo e inaguantable-.

- La Asunción de María y EL AMOR.
María asunta al cielo, también nos recuerda su capacidad de amar. Su fe, vivida día a día, su esperanza en que Dios cumplirá sus promesas a pesar de no verlo claro... se traducen en un amor constante, sencillo y sin estridencias, en el quehacer doméstico, con Jesús y José.
Y su amor la llevará hasta la Cruz, junto a su Hijo que muere por amor a nosotros.
María nos acerca al núcleo del Evangelio: ama, ama de verdad.
- ¿Cómo anda mi amor en la práctica? Empezando por mis "prójimos" = "próximos" (familia, grupos más cercanos…). ¿Y como María, sé acudir con ayuda-cercanía eficaz a quien está necesitado?

María es la reina que entra a la presencia del rey vestida con las mejores galas: con su fe, su esperanza y, sobre todo, su amor.
Que su fiesta nos ayude a ver con más claridad que el mejor homenaje que le podemos hacer es vivir tal como su Hijo nos pide: de fe, esperanza y de amor.
--------------------------

miércoles, 3 de agosto de 2011

"¿Por qué dudaste?" (Hno. Hernán SJ)




Oración preparatoria: 

“Derrama, Señor, tu gracia para que todas nuestras intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de tu Divina Majestad. Gloria…”


Lectura del evangelio: Mt. 14, 22-33.

Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario.
De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida:
-- ¡Ánimo, soy yo, no tengan miedo!
Pedro le contestó:
-- Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.
Él le dijo:
-- Ven.
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:
-- Señor, sálvame.
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
-- ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?
En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él, diciendo:
-- Realmente eres Hijo de Dios.


Petición: 

“Señor, mándame ir a ti” o “Señor, aumenta mi fe”.



1.- El Evangelio que acabamos de escuchar tiene un matiz muy eclesial y simbólico, ya que nos hace preguntarnos dónde están los discípulos y dónde está Jesús, es decir, donde está la comunidad (nosotros) y dónde vemos a Jesús. Mateo quiere ayudarnos a liberarnos de nuestros miedos y poca fe. En este Evangelio, los discípulos están solos, es noche cerrada, Jesús no les acompaña, la barca ha sido arrastrada por los vientos contrarios que les impiden volver, y Jesús está a mucha distancia, rezando. ¿No se parece esto a la situación de muchos de nosotros? Y cuando Jesús se acerca para ayudar, los discípulos, atemorizados, creen ver un fantasma. El miedo, las dudas, nuestra falta de fe, nos impiden reconocer a Jesús, que camina a nuestro lado, de manera especial en los momentos de crisis.

2.- ¿Cómo hemos llegado hasta esta situación? ¿Por qué están tan lejos de Jesús nuestras comunidades cristianas? Por la fragilidad de nuestra fe, por nuestros miedos, por nuestras dudas. En la Iglesia, tenemos miedo al desprestigio, a la pérdida de poder, al rechazo, incluso a veces tenemos miedo a Dios (más que amor por Él). En el fondo, es un miedo a seguir los pasos de Jesús, y el mismo nos dice: “¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?”. Sin embargo, ahí vemos a Pedro, que se lanza al agua, se quiere comprometer, se atreve con lo que parece imposible, pero pueden más sus dudas y sus miedos. Las dificultades hacen que nos hundamos, los vientos son contrarios, necesitamos ser sostenidos por Jesús. Y Jesús no nos abandona, y menos cuando nuestra barca se hunde.

3.- El mismo Jesús en el Evangelio nos propone dos elementos para reforzar nuestra fe. En primer lugar, la fe se afianza en la debilidad, sintiéndonos humanos y con miedos, porque es entonces cuando ponemos nuestra confianza en Dios. Esta fue también la experiencia de Pablo: “cuando soy débil, entonces soy fuerte”. Una palabra de Jesús suscita la fe de los discípulos: “Ánimo, soy yo, no tengáis miedo”. Frente a las dudas, el miedo y los vientos contrarios, está la Palabra de Jesús y su mano extendida. En la primera lectura también aparece como, ante una situación difícil del pueblo de Israel, en la que está en juego la propia Alianza que Dios hizo con Moisés, el profeta Elías, sostenido por Dios, anuncia de nuevo paz, bienestar, esperanza… Dios está en la brisa. Jesús calma los vientos y pone paz en la barca, en la Iglesia, en nuestras comunidades, en nuestros corazones, en nuestras vidas.

4.- En segundo lugar, es curioso el juego de miradas entre Jesús y Pedro. Pedro se mira a sí mismo y se hunde, pero cuando levanta la mirada y ve a Jesús con la mano extendida, recupera las fuerzas y sale a flote. En el fondo, todo depende de la mirada. Cuanto más nos miramos a nosotros mismos, más nos hundimos. Será importante dejar de mirarnos a nosotros, a nuestros pies que se hunden, a nuestros fallos, a nuestras debilidades, a nuestra falta de fe, y poner nuestra mirada en Él. Sólo así Pedro y los discípulos consiguen salir a flote y confiesan su fe en Jesús: “Realmente eres Hijo de Dios”.

5.- San Pablo también manifiesta sus dificultades para entender porque el pueblo de Israel no acepta el Evangelio de Jesús. Él ha descubierto el “tesoro” y no comprende cómo los demás no son capaces de verlo así, y eso le llena de tristeza. Es más, reconoce que Jesús es mejor acogido y aceptado entre los paganos, que entre su propio pueblo judío. Y es que las dificultades, cuando están “dentro de casa”, son más difíciles de llevar. Muchas veces nuestros miedos y dudas hacia el interior de nuestra Iglesia y de nuestras comunidades, impiden que anunciemos la Buena Noticia con alegría, y dificultan que otros puedan acercarse.

6.- La Palabra de Dios de hoy nos llama a releer constantemente nuestras vidas a la luz de estas experiencias: ¿Cuáles son nuestros vientos contrarios? ¿Cuáles son nuestras dudas, nuestros miedos? ¿Qué pedimos a Dios en esos momentos? ¿Cómo le descubrimos? ¿Cómo se nos manifiesta? ¿Cómo le buscamos? ¿Qué hacemos para crecer en confianza y en fidelidad a su proyecto de amor para con nosotros?

7.- La única experiencia que nos puede sostener siempre, pero de manera especial “en la tempestad”, es la de descubrir a Dios en nuestra vida, siempre cercano, ayudándonos a caminar y sosteniéndonos con la fe en Él y en su Palabra. Abramos nuestros ojos y descubramos a Cristo con su mano siempre tendida, que sostiene nuestra fe y nos anima a fortalecerla, a pesar de nuestras debilidades, que el Señor ya sabe cuáles son y cuenta con ellas. Caminemos por la vida sin miedo, sostenidos por Jesús y su Palabra.

8.- Creer es, en muchas ocasiones, caminar sobre el agua, como Pedro, apoyar nuestra fe y nuestra existencia en Dios, que nos sostiene, y no en nuestras propias fuerzas o argumentos, vivir sostenidos por nuestra confianza en Él.

Padrenuestro.

martes, 26 de julio de 2011

"Denles ustedes de comer" (P. Raúl SJ)


La Preparación

Busco un lugar que me ayude al encuentro con Dios, donde este cómodo y tranquilo. Busco una postura corporal para orar, hago un gesto de reverencia. Respiro lenta y profundamente para tranquilizarme, para relajarme, para que mi cuerpo también entre en oración, y preparo mi corazón para este encuentro… 

 

Presencia de Dios

Busco la paz, me presento ante Él, siento que Dios me mira, me escucha, me conoce… Tomo el tiempo necesario para esto, no se trata de hacer un esfuerzo por acercarme a Dios sino de dejarlo entrar y estar frente a El con toda confianza. Su presencia es puramente amorosa, no viene a reprocharme ni a condenarme… viene a estar conmigo. 

 

Leo el texto a contemplar Mateo 14,13-22

Al enterarse de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie.
Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos. Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: "Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos". Pero Jesús les dijo: "No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos". Ellos respondieron: "Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados".
"Tráiganmelos aquí", les dijo. Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud. Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.


Me imagino el lugar…

Podemos imaginarnos el lugar donde se reúne tanta gente... tal vez a las faldas de una loma y a orillas de lago... el escenario es como tantos... pero el lugar es “humilde y lleno de gracia” como le gustaba decir a San Ignacio.


Pido al Señor… lo que quiero

Conocer internamente a Jesús, para amarlo más y seguirlo mejor.


1° Momento: veo a los personajes de la escena

Primero miro a Jesús, él necesitaba descansar, por eso se embarca con sus discípulos hasta la otra orilla... pero el ver a la multitud lo mueve a la compasión.
Vemos a los discípulos... ellos también se compadecen pero no son capaces de llegar en su compasión a pensar en el milagro... sólo ven una multitud necesitada, no ven a un Dios hecho hombre capaz de colmar las necesidades y las expectativas de los hombres y de la humanidad

Reflexiono para sacar provecho


2° Momento: Escucho lo que hablan las personas.

Escuchamos a los discípulos: Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vayan a las ciudades a comprarse alimentos.
Ellos están preocupados por la multitud y su preocupación es real: están en un lugar apartado... que vayan a comprar pan es lo “políticamente correcto”
En cambio Jesús les dice: No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos. Hay dos dinámicas que se contraponen: la del comprar y la del dar.
Los discípulos responden: Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados. Lo que es “políticamente correcto” se contrapone a lo que hace falta “aquí y ahora”
Por último Jesús dice: Tráiganmelos aquí. Una vez más Jesús contrapone el ir a buscar y el traerlo aquí, como también lo poco de cinco panes y dos peces y lo mucho de la propia multiplicación de los panes.

Reflexiono para sacar provecho


3°Momento: Miro lo que hacen…

Veo a Jesús curando a los enfermos... el lo hace por compasión... la compasión en Jesús y en todo cristiano no sólo se reduce a un sentimiento sino que se traduce en una acción concreta.
Lo miramos pronunciando la bendición sobre esos panes y esos peces... bendecir es dar gracias... sólo el hombre y la mujer profundamente agradecidos puede hacer que lo poco que tiene sea mucho en solidaridad
Vemos a los discípulos, miramos cómo actúan desde la lógica del comprar-vender y nos quedamos en su reacción ante la propuesta de Jesús.
Vemos a los discípulos distribuir los panes, ellos lo hacen desde la perspectiva del “don” que se da sin medida y gratuitamente.

Reflexiono para sacar provecho


Hablo Con Dios

La contemplación es también momento de encuentro, puedo cerrar mi oración hablando con Dios Padre o dialogando con Jesús acerca del Reino... así como también acerca de lo que necesitamos y de lo que podemos ofrecerle... podemos hablarle de nuestros temores, o de nuestra alegría... podemos pedirle su espíritu para poder vivir la vida que nos regala Termino rezando un Padre Nuestro o alguna oración que me de devoción.



Señor, de verdad deseo prepararme bien para
este momento, deseo profundamente que todo mi
ser esté atento y dispuesto para Ti.
Ayúdame a clarificar mis intenciones.
Tengo tantos deseos contradictorios...
Me preocupo por cosas que ni importan ni son
duraderas. Pero sé que si te entrego mi corazón
haga lo que haga seguiré a mi nuevo corazón.
En todo lo que hoy soy, en todo lo que intente
hacer, en mis encuentros, reflexiones, incluso
en las frustraciones y fallos
y sobre todo en este rato de oración,
en todo ello, haz que ponga mi vida en tus manos.
Señor, soy todo tuyo. Haz de mí lo que Tú quieras.
Amén.

martes, 19 de julio de 2011

Día del Amigo (Hna. Silvina)


Un día en que Jesús estaba enseñando, se sentaron entre los oyentes unos fariseos y maestros de la ley que habían venido de toda la provincia de Galilea, y también de Judea y Jerusalén. El poder del Señor se manifestaba ante ellos realizando curaciones. En este momento llegaron unos hombres que traían en su camilla a un enfermo paralítico. Buscaban cómo entrar en la casa y colocarlo delante de Jesús, pero era tanta la gente que no sabían por dónde entrar. Subieron al tejado, quitaron tejas y bajaron al enfermo, en su camilla en medio de la gente, frente a Jesús.
Viendo Jesús la fe de ellos, dijo: “Amigo, tus pecados te son perdonados”. De inmediato los maestros de la Ley y los fariseos se ofendieron y pensaron: “¿Cómo este hombre puede hablar en forma tan escandalosa? ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?”
Pero Jesús se dio cuenta de sus pensamientos y les hizo esta pregunta: “¿Por qué piensan así? ¿Qué es más fácil decir: tus pecados te son perdonados, o: Levántate y anda?. Sepan, pues, que el Hijo del Hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados”.
Entonces Jesús dijo al paralítico: “Te lo ordeno, levántate, toma tu camilla y vuélvete a tu casa”. Y en el mismo instante, se levantó el hombre a la vista de todos, tomó la camilla en que estaba tendido y se fue dando gloria a Dios.
Todos quedaron atónitos y alabaron a Dios. El temor de Dios estaba en todos, pues decían: “Hoy hemos visto cosas increíbles”
Lc.5,17-26


Claves para discernir una amistad auténtica

  • Mirando a los amigos:
  1. Los amigos sostienen al paralítico, lo animan y buscan su bien, su curación. El relato bíblico nos cuenta que lo llevaron “cargando en una camilla”
  2. Hacen lo imposible para lograr que su amigo recupere la salud, el bienestar, son capaces de romper el tejado y buscar empecinadamente por dónde entrar a la casa.
  3. Lo ponen de cara a Jesús, “la fe de ellos” es la que conmueve a Jesús y posibilita el encuentro y la sanación.
  4. Es una amistad que libera, abre a la posibilidad de encuentro con Jesús, y con la sanación.

    • Mirando nuestra vida:
Quizás en mi vida me sentí a veces como el paralítico, sin esperanzas o sin fe ¿quiénes fueron los amigos/as que me sostuvieron, me animaron y me ayudaron a ponerme en pie nuevamente? Hago memoria de esas experiencias de amistad, puedo agradecer a Dios por esas personas que puso en mi camino y con las cuales puedo contar.
Quizás yo fui uno de esos amigos/as que ayudé a otros en momentos difíciles, que sostuve y animé a otros para que no caigan en el desánimo. Ofrezco a Dios en este momento mis amigos/as que están pasando por un mal momento, le pido que me ayude a ser amigo/a fiel y presencia suya para mis amigos/as.

  • Mirando al paralítico:
  1. No sabemos su nombre, sólo nos muestra el Evangelio a una persona que “se deja cargar en su dolor y enfermedad”, como quien siente que sus amigos podrán sostenerlo y posibilitar el milagro. No dice que crea, sino que más bien se muestra entregado a la confianza y fe de sus amigos.
  2. El encuentro con Jesús cara a cara lo libera y le posibilita “ponerse en movimiento”, la vivencia de la amistad (la de sus amigos que lo llevan y la del encuentro con Jesús) lo lanza a caminar, lo pone en un dinamismo de vida.
  3. Ese encuentro también le posibilita la salud física y espiritual, delante de los demás era visto como un pecador (desde la concepción de la época, la enfermedad era vista como un “castigo” por los pecados) y el encuentro con Jesús lo libera de esa carga. La verdadera amistad no juzga y pone cargas y carteles, sino que compadece, ama y perdona.
  4. “Se fue dando gloria a Dios”, la alegría, la alabanza y la gratitud brotan de un corazón que logró tocar la sanación de Dios. El paralítico se veía desahuciado, sin esperanzas y sin fuerzas; en el encuentro con Jesús no sólo recupera la salud, sino que recupera sobre todo la alegría por vivir, que lo lleva a tener un corazón agradecido.

    • Mirando nuestra vida:
¿Me siento como el paralítico o me sentí así alguna vez? ¿Qué cosas me paralizan en este momento? ¿De qué necesito ser sanado/a? Con corazón confiado me pongo de cara a Jesús y le expreso lo que hay en mi corazón, le pido que me ponga en movimiento, me dé la alegría de vivir y pido que me reconcilie con aquello que me impide vivir de manera agradecida y libre mi vida.


  • Mirando a Jesús:
  1. La compasión, el perdón y la acogida son las claves desde las cuales Jesús mira al paralítico y los amigos. Es capaz de ponerse en el lugar del otro y comprender su corazón. No se queda en la mirada común que juzgaba al enfermo por ser pecador. Sabe mirar el corazón y comprender su sufrimiento.
  2. Se dirige al paralítico con la palabra amigo, nos remite a las palabras de la última cena donde dice “ya no los llamo siervos, sino amigos”, nos enseña el verdadero significado de la amistad, que tiene que ver con tender una mano, perdonar, compadecerse, servir, liberar.

    • Mirando nuestra vida:
Dejo que resuenen en mí las palabras de Jesús: “Amigo/a tus pecados te son perdonados. Te lo ordeno, levántate, toma tu camilla y vuélvete a tu casa”. Pienso que Jesús me las dice a mí, me siento personado/a, liberado/a de aquellas cosas que me atan.
Hago memoria de las experiencias de perdón, de compasión que tengo con amigos/as. ¿Quiénes son esos amigos/as con los que puedo contar, que me comprenden, perdonan y ayudan de corazón sin juzgar? ¿Para quiénes yo soy fuente de comprensión y de perdón?


  • Mirando a los fariseos y maestros de la Ley:
  1. Son espectadores de la escena, miran todo lo que ocurre pero no logran ver con la mirada de Jesús, ellos se ofenden y ven ofensa en donde hay curación, compasión y perdón. No saben reconocer la obra de Dios en los demás, porque están parados desde la mirada que juzga y condena.

    • Mirando nuestra vida:
¿Sentí esta mirada en mi vida? Quizás yo tuve una mirada de juzgamiento y condena a veces sin comprender en verdad lo que pasa por el corazón de los demás…


  • Mirando la multitud:
  1. Quedaron atónitos y alabaron a Dios, dice el Evangelio que la expresión de la gente fue: “hoy hemos visto cosas increíbles” y con ello termina el relato. La gente presente allí es capaz de sorprenderse, de alegrarse, de ver vida y reconocer lo que Dios hace en los demás. Es una mirada optimista, alentadora, llena de esperanza y fe.
  2. Logran pasar de la mirada que los llevaba a condenar al enfermo por sus pecados a una mirada que logra reconocer la obra de Dios y se convierte en alabanza agradecida.

    • Mirando nuestra vida:
¿En qué cosas siento que Dios actuó en mi vida a través de mis amigos y quiero darle gracias por ello? ¿Qué cosas Dios va obrando en mis amigos/as y necesito agradecer?

martes, 21 de junio de 2011

Domingo 26 de junio - Cuerpo y Sangre de Cristo (P. Oscar SJ)


(Ciclo A, 2011)
 
Fiesta instituida por el papa Urbano IV en el año 1264 "con el fin de tributarle a la Eucaristía un culto público y solemne de adoración, amor y gratitud". Este año, las lecturas correspondientes parten de la experiencia del hambre, y la necesidad del alimento para vivir.
-----------------------------
Reflexionamos desde la comunión = común-unión, en la Eucaristía (Misa).

- Común-unión CON-CRISTO
En lo personal, "no sucede como con el alimento material, al que asimilamos. En la Eucaristía, es Cristo quien nos asimila a Él; así, no sólo somos cristianos sino "otros Cristos". San Agustín

¿Me voy sintiendo "otro Cristo"… o comulgo por costumbre o rutinariamente, olvidando que la comunión es un regalo enorme del Señor?

- Común-unión CON LOS HERMANOS
En lo comunitario, "… y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan". 1Cor 10,16-17

Según San Pablo, la Eucaristía nos hace comunidad, y por lo tanto, genera un espacio de fraternidad. Vivirlo así podría cambiar la vida de muchas personas y comunidades.
¿Lo siento y vivo así… o todavía tengo vestigios de una moral individualista? ("yo cumplo con el precepto", "yo tengo que comulgar…").


- Común-unión CON TODOS LOS DEMÁS (en especial, los más necesitados a mi alrededor). "¡Denle ustedes de comer!". Mt 14,16
En lo misional (en mi círculo familiar, laboral, de estudios, de pastoral…), nuestro flamante Beato Juan Pablo II nos recordaba que "la Misa es una misión".
Lo mismo, el lema del Congreso Eucarístico Nacional de Corrientes (2004): "La Eucaristía, nos convoca, nos reconcilia, nos solidariza y nos envía".

Según nuestros Obispos, "nuestro pueblo tiene hambre de justicia y de Dios". ¿Atiendo a alguna de esas necesidades, "hambres" a mi alrededor (hambre material, afectiva, espiritual, de mayor solidaridad ciudadana…), o vivo como "encapsulado/a" en mis preocupaciones? (reales; y a veces, sobredimensionadas).

Evangelio

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y lo daré para la vida del mundo.» Los judíos discutían entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer carne?» Jesús les dijo: «En verdad les digo que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre vive de vida eterna, y yo lo resucitaré el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que es vida, me envió y yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo. Pero no como el de vuestros antepasados, que comieron y después murieron. El que coma este pan vivirá para siempre.
Jn. 6, 51-58